sábado, 19 de mayo de 2018

LOS GRADOS DEL CONOCIMIENTO SEGÚN ARISTOTELES

El presente artículo tomado del blog del profesor   Óscar Sänchez Vega del IES  LLANERA , presenta con sencillez y  claridad los diferentes tipos de conocimiento  formulados ya por la escuela aristotélica que es necesario tener en consideración para comprender al ser humano. Con 
estas formulaciones se pudo trascender el platonismo.

Lo interesante de la formulación aristotélica consiste en distinguir las diferentes formas de conocimiento  existentes y todas ellas necesarias para el ser humano.

La parte más oscura o menos elaborada del pensador ateniense hace referencia al " conocimiento de los principios primeros"  para que la epistemé o conocimiento de la lógica se convierta en suprema sabiduría.

Esto nos lleva a la NOÉTICA
                      
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En la teoría del conocimiento la crítica de Aristóteles al dualismo platónico se concreta en la negación de las dos ideas básicas de la epistemología platónica: la reminiscencia y la dialéctica como ciencia de las ideas separadas. Si, como afirma Aristóteles contra Platón, no hay más realidad que los seres singulares, el conocimiento habrá de explicarse enteramente a partir de los elementos del mundo sensible, con lo que la sensibilidad no aparece ya como un obstáculo al conocimiento, sino más bien como una mediación y un camino indispensables hacia el mismo. Aristóteles insiste en la continuidad de este camino que permite elevarse de la sensación a la ciencia. El conocimiento será así el término de un proceso de inducción o abstracción a partir de lo sensible, un proceso en el que los materiales presentes a la sensibilidad son elaborados por la actividad sintética de la mente en distintos niveles o grados, cada vez más complejos. 

El grado más bajo es LA SENSACIÓN, la cual, ya en su modestia de punto de partida, es un modo de saber (o de verdad, en el sentido de la aletheia griega, que significa patencia o presencia). En el sentir se tiene ya la patencia de algo, y por esta razón, y porque todos los hombres aman el saber (son todos algo filósofos), los hombres tienen amor por los sentidos (Aristóteles subraya el apego de los hombres a la vista, que es el sentido que da más patencia). La facultad de la sensación la comparte el hombre con los animales.

Ahora bien, el sentir es una fuga constante: si no hubiera más que sensación el conocer sería cosa de instantes y se iría con ellos; las sensaciones son, dice Aristóteles, como un ejército en fuga. Pero ocurre en algunos animales y en los hombres que las sensaciones detienen su fuga por la memoria. Es como si los soldados se parasen. Por la memoria se va organizando un orden que permite a las sensaciones reorganizarse y dirigirse a las cosas. Este orden, organizado por la memoria sobre el sentir, es lo que Aristóteles llama EXPERIENCIA (empeiría), que es el segundo grado del conocer. 

El hombre tiene otros modos de saber ya exclusivos suyos, pero que están todos apoyados en la experiencia organizada por la memoria: tékhne, phrónesis, episteme, nous y sophía. 

La TÉKHNE (TÉCNICA O ARTE, los latinos traducen ars) es el saber que rige la producción de algo, es decir, ese tipo de acción que en griego se llama poíesis. La poíesis es aquella acción en que cabe distinguir la acción misma y su objeto: el término de la acción es algo distinto de la acción, como la estatua se distingue del hecho de esculpirla. La tékhne es un saber superior a la mera experiencia, porque mientras por experiencia se sabe de un número concreto de casos, por tékhne se sabe de todos los casos de un mismo fenómeno. El empírico sabe que Fulano está enfermo y que suministrándole tal fármaco se curará, mientras que quien posee la técnica de la medicina sabe porqué se cura. Este último obra con conocimiento de causa y así conoce no de este o aquel caso sino de todos los casos, por ejemplo, de todos los griposos; alcanza con ello un saber universal que no posee el empírico. 

La PHRÓNESIS (que podemos traducir por PRUDENCIA) se refiere también a la acción pero entendida como praxis, no como poíesis. La poíesis tiene su fin en una obra que es exterior a la acción misma. La praxis tiene por objeto la misma acción: son las acciones que constituyen las relaciones humanas, las acciones éticas y políticas. Pues bien, la phrónesis es el saber que rige la praxis. La phrónesis o prudencia es el saber moral, esto es, el saber sobre el bien y el mal, lo conveniente y lo inconveniente. 

Por encima de los conocimientos anteriores se encuentra el grado de saber que Aristóteles llama EPISTEME, CIENCIA. La definición de episteme es: saber demostrativo por las causas de lo necesario (de lo que no puede ser de otra manera que como es). En esta definición se sienta un ideal de la ciencia que permanece en vigor hasta nuestros días: el ideal demostrativo. La demostración, procedimiento por el que se muestra necesariamente una tesis, acontece en un acto mental preciso: el silogismo1 (de sin, conexión y logoi, razón: conexión de razones). 

Después de la episteme está el NOUS (INTELIGENCIA, intuición intelectual). La necesidad de postular esta facultad procede de un problema intrínseco al ideal deductivo de ciencia: el problema de la verdad de los principios. En efecto, si el ideal de la ciencia es la demostración y ésta se asienta sobre principios, cabe plantearse ahora en qué se asientan los principios mismos. Pues si hubieran de asentarse sobre el mecanismo de la demostración silogística se daría un regressus in infinitum. Para evitar esta regresión habrá que ir a parar a algo que no se necesite demostrar, a unos principios verdaderamente primeros, en el sentido de que no son conclusión de ningún silogismo o no necesitan ser demostrados. El nous, es la facultad que nos permite conocer los principios primeros. 

Más allá del nous, como conocimiento supremo, está la SOPHIA, SABIDURÍA, de la que Aristóteles dice que sería la visión completa de los principios y la demostración. El pensamiento de Aristóteles sobre la sabiduría es bastante vacilante, lo que se expresa ya en el nombre que emplea a menudo para ella: la ciencia buscada (a la que llama también filosofía primera). Es contemplativa, los primeros intentos de la sabiduría, dice Aristóteles, tuvieron por causa el asombro, el deseo de saber y no la búsqueda de la utilidad. La sabiduría es la ciencia más universal, pues nada se le oculta. Es la más difícil, pues es la más alejada de lo sensible.

1 El silogismo tiene diversos momentos: las premisas y la conclusión. Es un razonamiento por el que el consecuente o conclusión se deriva necesariamente de las premisas: supuestas las premisas, se sigue necesariamente la conclusión. Por ejemplo: “ Todos los hombres son mortales, Sócrates es hombre (premisas), luego Sócrates es mortal (conclusión).

jueves, 17 de mayo de 2018

GLOBALISME



 Un artículo de  DOLORS MARÍN TUYÀ 

“Globalitzar és prendre decisions conjuntes parant esment en l’interès dels altres"

Resultado de imagen de DOLORS MARÍN TUYÀEl globalisme és una proposta universal de Lluís Maria Xirinacs sobre un nou model de societat globalitzada. Tracta la comunitat humana en la diversitat, a partir d’un model mental global on cada part i cada relació és singular i fidel a si mateixa, en estricta igualtat de tracte en el conjunt global, iguals en drets i singulars en qualitat. El globalisme, a diferència del fenomen de la globalització, no massifica, ni uniforma, ni homogeneïtza ni esclafa. Aprendre a globalitzar serveix per col·laborar entre diferents exercint la diferència. Saber compaginar competència i col·laboració, deixant de bonificar el perpetu conflicte, i potenciar el consens de decisions que afecten la comunitat humana en general.

Globalitzar és prendre decisions conjuntes parant esment en els interessos dels altres, diferents dels nostres; és un art bellíssim, integrador, intel·ligent, però difícil. Ens han educat segons un esperit analític: la part abans que el tot. Però cal complementar-la amb la via contrària: servir el tot abans que la part. Abans l’interès públic que l’interès privat.

Quan les persones són educades seguint un model global suficientment ampli i ben conjugat, no es divideixen ni s’enfronten tant. Un bon model filosòfic global, obert i rigorós, provisional però pactat entre tothom i adaptat a la realitat, és una bona teràpia individual per superar contradiccions internes i una bona teràpia social per evitar violències. Sense renunciar a allò que hom creu, cal captar i processar les creences i conviccions dels altres en llur especificitat, així com tractar de construir un camp teòric i pràctic suficientment ampli perquè tothom pugui fer el seu joc sense marginar el joc dels altres.

Resultado de imagen de Fundació Randa LLuis M Xirinacs

El globalisme funciona millor en estructures assembleàries que en les de partit. Les assemblees ensamblen, les posicions de partit parteixen. Si hem après a escoltar, a entendre de veritat la part de veritat de l’altre, a engalzar-la amb la nostra part de veritat per atènyer una veritat superior, ni teva ni meva, sinó nostra, fruit madur del nostre diàleg. Tot evitant l’oposició frontal reactiva i sabent construir una complementarietat circular retroactiva que permeti l’aparició d’un equilibri dinàmic superior. En assemblees ens ajuntem fins i tot amb els qui no hem escollit i amb els quals ens hem d’entendre, sempre que tothom estigui d’acord en la necessitat que el debat és per fer consens. Amb aquesta voluntat integradora farem pas a la revolució de síntesi de contraris: la nova germanor. La Fundació Randa-Lluís M. Xirinacs difon aquestes propostes.


martes, 13 de febrero de 2018

PUNTOS PROGRAMATICOS DE UNA REVOLUCIÓN INTEGRAL



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LOS 25 PUNTOS DEL SISTEMA DE CONVICCIONES PARA UNA
REVOLUCIÓN INTEGRAL 

por Felix Rodrigo Mora


1. Hay que depurar y actualizar el pensamiento transformador.

2. El desarrollo del factor consciente es la tarea número uno
de nuestro tiempo.

3. Repudio de las utopías sociales.

4. La realidad solo puede ser aprehendida de manera ateórica.
Toda argumentación ha de ir precedida de una investigación y reflexión cuidadosas, de larga duración.

5. La verdad, por tanto, el esfuerzo y la lucha por la verdad
posible (concreta y finita), es determinante, junto con la
libertad.

6. Se debe creer en el sujeto, más que en las estructuras e
instituciones pues, en última instancia, todo depende de la
calidad de la persona.

7. El sujeto se construye, es decir, se auto-construye. Su
edificación desde sí es imprescindible.

8. No se puede delegar en el Estado lo que es tarea del sujeto.

9. El olvido de sí, la disposición para el esfuerzo y servicio
desinteresados, es el punto de partida de toda acción tendente
a revolucionar la actual sociedad.
Sin transgredir cada día el principio del interés particular no hay ser
humano integral y no hay revolución integral.

10. Se ha de repudiar la infausta fe economicista.

Lo concluyente son los elementos inmateriales, la libertad,
la verdad, la convivencia, el bien moral, el esfuerzo desinteresado y
la voluntad de trascendencia. El modelo homo oeconomicus
pretendido por el economicismo ha llevado de derrota en derrota a
los movimientos supuestamente emancipadores del pasado
inmediato, y ha creado seres que son, más que humanos, monstruos.

11. El esfuerzo y servicio desinteresados nos construyen como
seres humanos.

Lo sustantivo, según expuso Simone Weil, no son los derechos sino los
deberes, el ser servido sino el servir, lo que se recibe sino lo que se
da. Tal es el estado de animo óptimo para hacer frente a la gran
crisis múltiple en desarrollo, que sacude a la humanidad, la cual se
irá agravando más y más en los próximos decenios, y a la que se
debe dar una salida revolucionaria.

12. La concepción de la historia humana.
Las dos condiciones más importantes son la comprensión exacta de la realidad (lo que resulta del esfuerzo perpetuo por la verdad) y la elevación conforme
a un plan de calidad y valía del sujeto.

13. La meta es la transformación integral del orden
constituido.
Esto es, una Revolución Integral,

14. El estudio y conocimiento objetivo de la historia ha de ser
patrimonio de todas y todos, pues la historia es, como dijo
Cicerón, maestra de la vida.

15. Es decisiva la recuperación crítica y actualizada de lo
positivo del pensamiento clásico de la cultura de Occidente.

16. La meta es una sociedad frugal para todos.

Por tanto es el entusiasmo por la autosuficiencia y la posesión mínima, y no la riqueza, como preconizan los gastados credos obreristas, el fundamento de la vida buena y de la sociedad más deseable, como un bien y una virtud, a la
vez.

17. El culto por el Estado es hoy «el todo» del falso
radicalismo y del izquierdismo residual.

18. El actual régimen constitucional, partitocrático y
parlamentarista es una dictadura, la peor y más opresiva
dictadura política de la historia.

19. La participación de las mujeres.

Hombres y mujeres deben estar unidos, amarse y respetarse en pie de igualdad, compartiendo las tareas de la transformación integral del orden
constituido, sin sexismo de uno u otro tipo.

20. La Revolución Integral es necesaria.

Pero no para desarrollar la economía y la tecnología, fomentar el
consumo y realizar la felicidad general, sino para establecer una
sociedad libre, en la que lo humano pueda desenvolverse, triunfe el
afecto de unos a otros, la propaganda ceda ante la verdad, la
naturaleza sea restaurada y se viva de manera civilizada. En ella el
Estado ha de ser sustituido por un orden de autogobierno por
asambleas, y el capitalismo por un sistema plural de colectivismo, sin
salariado ni explotación, pero ello no será el fin sino el principio de
nuevos esfuerzos y nuevas luchas por llevar la condición humana a
metas aún más magníficas.

21. Los problemas políticos no pueden hacer olvidar los
existenciales.
Los problemas políticos, tan importantes, no pueden hacer olvidar los
de naturaleza existencial, que no admiten remedio práctico pero
están siempre ahí. Son la finitud, la soledad ontológica, el paso del
tiempo, la muerte y la nada eterna. Su olvido nos empequeñece y
disminuye, por lo que necesitamos meditar sobre ellos con
regularidad, para asumir hasta el fin nuestra condición

22. El trabajado asalariado, elemento de degradación global
de la persona.

Es algo vital. Una humanidad libre, autogobernada, moral,
autogestionada y asentada en el amor de unos a otros (ayuda mutua)
necesita de una sociedad sin trabajo asalariado, sin burguesía, sin
patronal, sin capital.El salariado destruye la esencia concreta humana porque hace imposible la construcción pre-política del sujeto. El verdadero anticapitalismo, sin comillas, es el que lucha contra el
trabajo asalariado.

23. El capitalismo depende en todo del Estado, no hay un
anticapitalismo creíble pro-Estado.


24. Por una sociedad rural popular. Contra la ciudad y la forma
de vida urbana.
El modo de vida óptimo de existencia humana lo proporciona la
pequeña población rural, donde además se puede desarrollar de
forma óptima la soberanía popular por asambleas, facilita la
convivencia íntima entre todos y poner en común los bienes de
producción.

25. Sobre la libre determinación de los pueblos oprimidos.

La libre determinación de los pueblos oprimidos será parte del proceso de la revolución integral, o no lo será. Esta justa reivindicación forma parte del programa estratégico de la revolución integral y ha de plantearse de forma
conjunta e integrada en el conjunto de transformaciones revolucionarias a efectuar.



viernes, 29 de diciembre de 2017

INCÓMODA SABIDURÍA

Un artículo de Rafael Rodrigo Navarro

Que cálido resulta hacer ciencia. Leer pausadamente esa revista de coloridas, brillantes imágenes. Junto a una chimenea que nos calienta mientras  chisporrotea juguetona. Poder concentrarse en la palabra y en el razonamiento.

Sentir el profundo placer de entender y soñar. Porque eso es la ciencia: un sueño que  hace volar al pensamiento.Ampliar los horizontes del  conocimiento. Crear hipótesis, plantear un experimento, comprobar la verdad o la falsedad de lo pensado.

Qué cálido resulta hacer ciencia. Junto a una chimenea que expande tibieza mientras respeta el silencio necesitado.

Qué placentero resulta dedicarse a la ciencia. Un quehacer valorado socialmente, un oficio difícil de aprender, sí, pero bien pagado. Puedes mediante la ciencia conseguir una fortuna. Exigente, sí; pero compatible con viajes  y  aventuras.

Qué agradable resulta dedicarse a la ciencia. Tienes la palabra  y  se te otorga el tiempo para enseñar. Tienes el conocimiento y se te dan oportunidades para incrementarlo. Se te da un podio y  eres admirado en tu altura que algunos llaman grandeza.

Pero eso es todo. Y nada más.

El conocimiento que nos  otorga la ciencia no  es  la sabiduría. Es apenas una pequeña parte de esa sabiduría que buscamos desde que somos conscientes  de habitar un mundo inabarcable. 

La sabiduría no se aprende en un cálido recinto, ni con una placentera  ensoñación  que nos hace crear hipótesis. La sabiduría hace que sintamos frio y vértigo y desazón y miedo. Se trata del  conocimiento de la otra parte de la luna. El  que no se ve. El que surge y permanece en nuestra parte oculta, el inconsciente. Que nos provoca con intuiciones, que nos desgarra con  sobresaltos de consciencia, que nos arroja una y otra vez fuera de la zona de confort, que nos emplaza a la lucha, a una brega sin fin.

Nace la sabiduría de una  percepción global de la vida. No deja nada en el tintero,  nada en el razonamiento, nada en la acción por realizar. A la sabiduría no le está permitido simplificar, dejar fuera de su consideración lo que nos es molesto, dificultoso o  árido.  Esto convierte su consecución en un camino duro, lento, angosto, que no obstante, dicen, lleva a la salvación.

Desde la sabiduría, la ciencia  a pesar de su grandilocuencia resulta demasiado simple, parcial, manipulable, provisional, efímera, demasiado distorsionante de la completa realidad. No se opone a la ciencia. Todo lo contrario, le da sentido. La coloca en su lugar. Deja a la vista la fatuidad de quienes la confunden con la visión global de la vida. Llama a la humildad. Destruye el pensamiento totalitario, combate la ambición y descubre la inseguridad mentirosa del poderoso.

Resultat d'imatges de GLOBALLa sabiduría es global. Percibe lo holístico, lo trascendente, lo que está más allá, la relación existente entre las personas, los objetos y la de aquellas y estos. 
La sabiduría incluye en sus análisis la indagación sobre el bien y sobre el mal, por ello resulta compleja, y orienta la vida a la consecución del bien que  atisba. La sabiduría tiene en cuenta  a la muerte como parte de la realidad de la vida.


¡ Qué incomoda es la sabiduría!

viernes, 8 de diciembre de 2017

CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA Y ESCALA DE VALORES

Un artículo de Rafael Rodrigo Navarro 

Finalizados los años de la transición entre la dictadura franquista y la llamada democracia parlamentaria hemos llegado a la convicción de que los partidos políticos, todos, apostaron definitivamente por la continuidad.  Digo esto porque deseo  atenerme a los hechos, y  no a  las palabras del  penoso discurso de lo políticamente correcto que habló en su día de ruptura.

Pero, ¿Por qué  todos y cada uno de los partidos políticos que participaron en la transición y continúan activos en la vida política han desarrollado programas, a pesar de sus proclamas, continuistas de los regímenes anteriores monárquico, republicano y especialmente franquista?, ¿La continuidad de qué?

Por supuesto del ideario liberal-estatista que ha servido  de base a todas las constituciones españolas de los siglos XIX y XX, y por tanto iba a serlo también de la más reciente, la de 1978, con la que nos hemos adentrado en el siglo XXI. Una concepción de la sociedad en la que prevalece el economicismo frente a la convivencia libre de pueblos y personas, profundamente jerárquica a pesar de las apariencias, de clara vocación militarista e inevitable tendencia al totalitarismo. Un ideario liberal-estatista que siguen fielmente los partidos políticos parlamentarios, tanto de izquierdas como de derechas, desde mediados del siglo XVIII  y que recibió un espaldarazo con la llamada revolución francesa, a partir de la cual se viene escenificando la alternancia en el poder de ideologías que parecen opuestas y sin embargo lo son sólo en lo accidental.  Porque no existen diferencias que no sean de matices entre personas o grupos sociales que participan de una misma o parecida escala de valores.

Ahora bien, las constituciones de matriz liberal, entre ellas la española 1978 de la que muchos dicen sentirse orgullosos, han promovido durante los últimos siglos, y lo siguen haciendo, una visión economicista de la vida y la sociedad  que llama desarrollo a lo que no lo es, a partir de un ideario, el ilustrado, por el que se pretende gobernar en nombre del pueblo, pero sin el pueblo.
Resultat d'imatges de CONSTITUCIONES LIBERALES
Escala de valores significa ordenamiento prioritario de lo  que es valioso para el ser humano. Y lo más valioso, sin duda, no es aquello que nos permite poseer más y más, sino lo  que nos permite trascender lo puramente material. Una escala de valores constituye un instrumento valioso para la convivencia siempre y  cuando apunte hacia  lo que  verdaderamente es valioso: la capacidad de distinguir entre el bien y mal, como objetivo primordial.

La pregunta que casi nadie hace, es si la constitución española de 1978 constituye un instrumento jurídico válido en este sentido. ¿Se apoya   en una escala de valores  apropiada para mejorar las relaciones humanas? ¿Somos acaso conscientes que una constitución basada en una escala axiológica que pone la creación de  riqueza como objetivo número uno, no sirve para lo que se predica: hacer posible la convivencia mínimamente respetuosa de quienes viven en un mismo territorio? 

Si así fuera, no asistiríamos al caos convivencial existente, tampoco constataríamos casi a diario la falta de ética de quienes dicen gobernarnos, ni la profunda injusticia que supone la apropiación y reparto desigual continuado  del bien común, ni la vil y mentirosa utilización  de la propaganda política, ni por supuesto la vergonzosa intromisión del poder político y económico en la privacidad del sujeto humano, individual o grupal, ni tampoco  contemplaríamos el incremento constante de la violencia en las relaciones personales y sociales en general.

Como acabamos de constatar con la imposición de  priorizar constitucionalmente el  pago de los intereses de la deuda económica contraída ilegítimamente sobre cualquiera otros asuntos de orientación igualitaria, la constitución 1978 hace del dinero, por la propia dinámica de un capitalismo al que se adhiere sin ambages, la base para  la supervivencia de un tipo de sociedad organizada según los esquemas de la nación-estado, es decir jerárquica y desigual, por tanto lejos del objetivo de justicia que se pretende.

Si bien la constitución no niega valores como la libertad, la igualdad, la solidaridad, etc., lo que hubiera resultado  inadmisible, en la práctica por efecto de la escala de valores que promueve, quedan relegados. Cada escala de valores conlleva una cosmovisión diferente, lo que significa, a pesar de lo que se nos predica, que no son compatibles entre sí. De ello se sigue que si la constitución de 1978 ha optado por una visión economicista de la vida, son temas para ella secundarios la libertad, la justa distribución de la riqueza o la igualdad. El concepto de estado del bienestar resulta así un concepto vacío, orientado a ocultar un burdo economicismo acorde con la consideración del dinero como valor supremo.

Por el contrario, el verdadero bienestar, aquel que surge de una sana convivencia, no puede tener como valor primero lo económico, a pesar de su indudable importancia.  En la sociedad actual la posesión de dinero básicamente no responde al esfuerzo sino a un tipo de reparto desigual que hace el estado de la riqueza en atención a sus propios fines, entre ellos la dominación.  Con una escala de valores tal, y con el correspondiente ordenamiento jurídico el ser humano enferma pues se resiente en su salud física, psíquica y espiritual, es decir en su integridad.
Resultat d'imatges de COOPERACION O DINERO
Pues bien, esto y no otra cosa es lo que refleja el texto  de la constitución española de 1978, en la línea de ser de un capitalismo a su vez quintaesencia de la visión economicista de la vida que tiene en el consumismo descerebrado su principal valedor. Una sociedad líquida, según el término de moda atribuido a Zygmunt Bauman, que refleja la pérdida de la consistencia que da al ser humano el hecho vivir en una sociedad igualitaria que deviene amorosa.

Las constituciones decididamente liberales aparecen con la toma del  poder  por parte de la burguesía mercantil  transformada en industrial y sobre todo financiera. Es pues el espíritu burgués el que ha inspirado desde el inicio la redacción de las mismas, siendo en España la primera la de 1812 y la última la que ahora nos ocupa, la de 1978, en cuya elaboración y  promulgación, no hay que olvidarlo, el ejército ha jugado un destacado papel, como ya venía haciendo en el antiguo régimen del que por cierto se proclama enemigo, en esta nueva etapa. 

Con la fabricación del papel moneda, la emisión de deuda por parte de los estados como dinero, el incremento  de la presión impositiva  sobre el pueblo, la acelerada implementación del colonialismo como motor de la economía, el aumento exponencial de la milicia y la obligatoriedad del servicio militar para defender el control de los territorios ocupados, el crecimiento de las sociedades anónimas que acabarán convirtiéndose en empresa multinacionales, la destrucción del mundo rural y la potenciación de la ciudad frente al campo, es decir de las rentas frente a la producción  y la casi total monetización de las relaciones humanas, se consuma la orientación economicista de la vida iniciada y apoyada con la promulgación de aquellas constituciones modernas, casi la totalidad,  dirigidas a aumentar la riqueza individual en detrimento de lo comunitario, es decir, contrarias a la gestión participativa del bien común.

La construcción de una escala de valores en la que lo económico ocupa un lugar privilegiado, no es algo nuevo, sino repetido a lo largo de la historia como propio de los imperios habidos, y por tanto de los estados, lo que no evita su decadencia y posterior desaparición. En este sentido podemos hablar de continuidad entre monarquías, repúblicas o dictaduras, así como entre el llamado antiguo régimen y la sociedad moderna. Se trata de un ciclo que no puede acabar si no es con un cambio radical en la escala de valores que sustenta a las llamadas normas supremas o constituciones.

No hay que olvidar que fue durante el franquismo cuando España ya fue requerida para formar parte del espacio europeo. Así pues también Europa, en cuanto creación de un supraestado,  es un reflejo fiel de un nuevo economicismo, una escala axiológica en la que lo económico en general y el dinero en particular, ocupan el primer lugar. Planteamiento acorde con la preeminencia de unas oligarquías financieras que no han dejado de crecer desde la proclamación de las primeras constituciones liberales a finales del siglo XVIII.

Se denigra, en la actualidad, a la tradición, depositaria en muchos casos de valores axiológicos en los que lo económico no es lo prioritario. Lo mismo ocurre con la democracia directa, única capaz de reordenar la sociedad en torno a valores nuevos, tanto desde el punto de vista político como económico, mientras se exalta la democracia representativa y parlamentaria, como hace la constitución española de 1978, que nada nuevo aporta en este sentido. La consecuencia más directa de todo ello es  un anquilosamiento generalizado de la vida individual y social, una  falta de perspectiva para el futuro y una progresiva incapacidad por adaptarse a un tiempo, el presente, que está  exigiendo por sí mismo ese cambio radical en la escala de valores que evite la destrucción de la naturaleza y el ser humano.  

Pero no todo lleva a la desmoralización. La oposición a una constitución europea de cariz neoliberal, ha dado algunos frutos por el momento. Así pues, otra forma de vida económica  y política de los europeos es posible. Se trata de algo que  nos compete en cuanto sujetos celosos de la libertad, por lo que hemos de llegar a tener clara una forma  de vida en la que lo económico no sea prioritario, en contraposición al bombardeo mediático sobre el consumo como motor de la economía, y  a su vez hemos de ser capaces de ponerla en práctica.

Reflexionar sobre la constitución española de 1978, equivale a hacerlo sobre los   ordenamientos jurídicos de la humanidad en general, pues la escala de valores economicista  se ha impuesto en los cinco continentes y ha dado lugar al modelo estatal de relaciones humanas, así como a la redacción de las modernas constituciones, que no evitan un comercio competitivo, agresivo y destructor que frecuentemente acaba en guerras.  

No podemos aceptar vivir en marcos legislativos y legales que no pongan en primer lugar como prioridad máxima la convivencia y subordinen cualquier otra consideración, entre ellas la económica, a su mejora y preservación, lo que se consigue con una actitud de búsqueda permanente del Bien. Lo contrario de lo que ocurre en la actualidad, en que ni siquiera se plantea tal búsqueda. Nos preguntamos si la constitución de 1978, que tan pomposamente pretende  ordenar nuestras vidas, lo hizo en el momento de su redacción. La respuesta es que no. Convertir al estado en un proveedor de felicidad es mentir. Pretender que un estado sea proveedor de bienestar, como recoge la constitución, denota la miseria del economicismo y su enfoque materialista y reductor.

Una escala de valores adecuada pone la libertad, la ayuda mutua, la colaboración y el reparto equitativo del bien común por encima del dinero. Y si es tarea difícil, a veces épica, vivir con esta escala de valores no por ello es menos necesaria, pues viviendo con lo económico como prioritario llegamos a donde estamos, una sociedad en decadencia que  trata de sostenerse con constituciones como la de 1978  cuyo objetivo  fue dar continuidad al stuatu quo.

 Al pretender considerar secundarios valores tales como la colaboración y la ayuda mutua o el respeto escrupuloso a la individualidad, se genera daño  psicológico, así como miseria económica y moral.

Lo pertinente en economía y  en el ordenamiento legal es el control de las  necesidades de los seres humanos  para que  no devengan exclusivamente materiales y por tanto insaciables, lo que degrada al cuerpo, hace enfermar a la  psique y  anula la fuerza del espíritu, es decir,  para que no rompa la integridad del ser humano como individuo y como sociedad. Son atributos de los seres humanos la capacidad para ejercer la  justicia conmutativa y la  justicia distributiva, pero para hacerlo posible es necesario regirse por el principio ético de que la acumulación de riqueza no es un bien y sí el reparto equitativo de la misma. El exceso en la  acumulación privada desorganiza al grupo social y  destruyen su capacidad de producción a pesar de lo dice y promueve una escala de valores economicista. Por el contrario en otra escala de valores posible la cooperación aparece como el verdadero motor de la economía que resulta así  más eficaz, justo y respetuoso con la naturaleza, incluido el ser humano y su convivencia grupal.

¿Qué constitución actual  establece como prioritario lo aquí dicho?  ¿Acaso no se soporta la constitución española de 1978 en una escala de valores en todo inapropiada, generadora de desequilibrio social, algo contrario a las exigencias de supervivencia del  grupo social  e incluso de cualquier ser vivo? 

Cuando  calificamos de obsoleta a una norma jurídica, en este caso de la constitución española de 1978, lo que hacemos es apuntar a  la necesidad de regirse por una escala de valores en todo diferente.  Hablamos de la  necesidad de superar el concepto de estado actual. Hablamos de un cambio civilizatorio, pues esto es a lo que lleva un cambio en la escala de valores.  Y es por ello que decimos que la actual no es  ni eficaz ni  viable  pues una visión economicista de la vida y la sociedad no está orientada a la búsqueda del Bien a pesar de lo que se predica. Y sin embargo esta búsqueda aparece como fundamental y fundante de una sociedad nueva.

Lo contrario es pretender un imposible. La constitución actual de 1978 dice organizar la convivencia y la sociedad, pero a lo máximo que llega es a crear un  muy secundario y limitado estado llamado  de bienestar. Una estrategia que disimula el  estado de dominación de unos  sobre otros y oculta la verdadera desigualdad estructural de la actual escala de valores implementada desde el poder que resulta ser así antiética. 


Rafael Rodrigo Navarro , 6 de diciembre de 2017